Un desastre anunciado 

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Por: Thania Vega de Plazas

Tantas veces hemos advertido del peligro que corre nuestra patria si se permitiera que los amigos del Socialismo del Siglo XXI llegasen al poder, porque harán lo mismo que en Venezuela hizo el desaparecido Hugo Chávez o el dictador Nicolás Maduro; matar de hambre a su pueblo después de haber expropiado a sus ciudadanos y haberlos empobrecido.

Hoy en Colombia compartimos la tragedia de nuestros hermanos venezolanos que llegan por cientos de miles cruzando la frontera de 2.219 kilómetros por los puentes internacionales o por las trochas y selvas para lograr un mendrugo de pan para sus familias.

Desde que el Socialismo de Chávez se impuso en Venezuela, acabando con la separación de los poderes públicos y configurándose en una dictadura, a los ciudadanos del vecino país no les quedó camino distinto que salir corriendo a países como Ecuador, Perú, Brasil y Colombia.

Las consecuencias de un Estado fallido se ven reflejadas en Venezuela donde la revolución por contrato se hizo para acabar con todo a su paso; los únicos que pueden comer tres veces al día son los que están con la dictadura de Maduro, que son unos pocos; los demás ciudadanos salen a buscar en la basura, en el campo y en algunas ciudades donde asaltan los supermercados algo de comida para no morir de física hambre.

La dictadura de Nicolás Maduro, aumentó en un 40% en el salario mínimo quedando en 248.510 bolívares, lo que equivale a 2,2 dólares, a esto se le suma el llamado bono de alimentación de 549.000 bolívares, con lo que el “ingreso mínimo integral” totaliza 798.510 bolívares unos  7,16 dólares, algo más de 20 mil pesos Colombianos, con los que deben comer, vestir, dormir y vivir; algo materialmente imposible.

Este oscuro panorama es el que tiene a millones de venezolanos buscando comida y vida en Colombia, donde los hemos recibido a cuenta gotas, y con una enorme improvisación de la cancillería que hasta hace pocos meses no aceptaba que existía una crisis humanitaria en el país vecino, por lo mismo no preparó mecanismos para ayudar a estos hombres y mujeres que tanto nos necesitan.

Cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores indican que solo 552.494 venezolanos están en Colombia, pero un estudio de la Universidad Simón Bolívar, calcula en 900 mil los ciudadanos de ese país que llagaron a nuestra patria huyendo de una dictadura que los condena a muerte cada día.

El gobierno Santos como otros de la región son cómplices del dolor y sufrimiento de nuestros hermanos venezolanos, pues se resistieron a denunciar lo que sabían que estaba ocurriendo y guardaron silencio para no dañar las relaciones con el dictador Maduro, quien fuera parte de las negociaciones con los terroristas de las FARC con el apoyo de los Castro de Cuba.

Hoy Colombia ha atendido a por lo menos 23 mil niños venezolanos muchos de ellos sin sus padres porque no pudieron pasar la frontera y quedaron los menores en poder del ICBF que los atiende provisionalmente.

El desastre de Venezuela debe ser el espejo para Colombia, donde todos los días vemos a unos irresponsables amigos del régimen de Hugo Chávez hacer demagogia para captar votos de incautos y buscar ser presidentes de la patria para repetir la trágica historia de Venezuela.

Esos señores que se tomaban fotos con Chávez, que apoyan a Maduro y que salieron de la guerrilla a la política, son el mayor peligro y amenaza para la democracia.

Colombia deberá entender que en las elecciones de marzo y mayo tendremos el poder de cambiar el destino del país, para regresar a la confianza social, la Seguridad Democracia y la inversión.

Solo con un congreso de personas honorables y un gobierno que defienda los intereses de los colombianos y no de los guerrilleros, tendremos asegurado que no seremos la próxima Venezuela.

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