“Maduro, el verdugo de Venezuela” por Camilo Martínez Navarrete

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El 14 de abril del 2013 Nicolás Maduro tomaba la victoria de las elecciones como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de una tensa oposición política la cual cuestionaba su elección como primer mandatario; Henrique Capriles habría perdido las elecciones con un 49.12% en contra de un 50.61% para el candidato heredero del ya muerto mandatario Hugo Chávez Frías.

Desde ese momento inician los infortunios para la población venezolana: corrupción, narcotráfico, violencia, persecución política y censura a los medios se convirtieron en las prioridades del mandatario de turno.

En medio de protestas a favor y en contra del actual gobierno, Nicolás Maduro ha tenido que sortear la crisis que hoy vive su país, y que tomó alcance internacional.

Para el año pasado, la polarización que se vivía en Venezuela era tan fuerte que dejó como saldo más de 40 muertos, cerca de 1.000 heridos y un poco más de 3.000 detenidos. A hoy, 25 líderes políticos siguen detenidos de forma arbitraria.

Medios y organizaciones internacionales denuncian constantemente la etapa de violencia que vive el país y un proceso de impunidad total para el Gobierno.

Leopoldo López, líder de la oposición y detenido ilegalmente por autoridades estatales, enfrenta juicios sin evidencia fehaciente que permita imputársele algún delito; situación como la de López, viven los otros 24 opositores detenidos. A todos se les inmoviliza y captura por sus opiniones críticas y contrarias a los intereses del gobierno de Nicolás Maduro.

Los detenidos y sus familias, han evidenciado abusos sexuales, amenazas de muerte y de violación por oficiales del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional); a su vez se denuncia que grupos ilegales se alían con el Gobierno para lograr frenar el avance de los partidos de oposición.

La protección y promoción de los derechos humanos, sin discriminación, y el Estado de Derecho no son prioridad para el gobierno venezolano.

La administración de Nicolás Maduro no garantiza el derecho a la libertad de reunión pacifica, ni el derecho a la Justicia, ni a la reparación adecuada, y tampoco busca cesar la intimidación hacia los opositores.

La crisis que vive Venezuela, hace del chavismo una colectividad que se encuentra en su peor momento: autoridades y personalidades internacionales denuncian constantemente las violaciones del gobierno de Maduro, así como el control a los medios y la censura impuesta a los pocos independientes que quedan (cadenas nacionales y respetados periodistas han tenido que salir del país huyendo ante la persecución del régimen).

La represión que se vive en todo el territorio es ocasionada, sin duda, por la debilidad que el régimen que gobierna presenta: la crisis económica por la que atraviesa el país y la calificación negativa que dan los venezolanos a Nicolás Maduro, hacen parte del desespero del mandatario por controlar y reprender todo lo que lo pueda afectar.

Maduro y su sequito de colaboradores (áulicos del poder y ambiciosos por el dinero) han buscado controlar y centralizar la economía del bolívar; pero la escasez de alimentos y una inflación por encima del 66% han ocasionada que el país entre en una crisis inigualable y sin reversa, el poderío económico de Venezuela se ha reducido debido a la caída del petróleo (el cual garantizaba por encima del 90% la entrada de divisas al país),  el déficit fiscal supera el 10% de su PIB y la producción cayó 5%.

Ante la crisis observada en el país y en el mundo, se plantean interrogantes sobre su sostenibilidad: protestas, divisiones entre el chavismo, nula credibilidad internacional y eventuales golpes de estado no amilanan a Maduro para continuar.

El Gobierno reprime a la oposición para mantenerse en el poder, y no hay opciones realistas que permitan darle fin al periodo presidencia de ese mal gobernante. 

Nicolás Maduro será presidente hasta el 2019 (excepto que se otorgue el merecido título de dictador y continúe en el poder), la crisis continúa y se agudiza con el paso del tiempo: la economía cae, la escasez aumenta y las violaciones a los Derechos Humanos se extienden cada vez más.

Desafortunadamente el futuro del país no se ve próspero, debido a la continuidad  de los factores que exacerban la crisis, pero que benefician a los miembros del Gobierno; mientras tanto los perdedores siguen siendo los venezolanos del común que continúan con el que será recordado como el verdugo de la época gloriosa de Venezuela.

Escrito por @CamiloMartinezN

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