Las Farc y su gran delirio

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Por Eduardo Mackenzie
2 de noviembre de 2014

Los jefes de las Farc son muy inteligentes. Ya encontraron  la fórmula que les permitirá escapar a la justicia internacional que los busca y que los va a encarcelar, si no hay verdadera sanción judicial en Colombia, por la enorme cantidad de crímenes de lesa humanidad y de guerra que han cometido en sus 50 años de pavorosas “actividades”.

 

Pero ante la potencia del pensamiento fariano y de sus asesores extranjeros la Corte Penal Internacional tendrá que inclinarse y renunciar a su acción.

La solución es muy sencilla pero nadie antes la había hallado. Las Farc lo hicieron. Y lo acaban de hacer saber en La Habana. Es tan contundente su argumento que Santos y sus negociadores no han podido decir esta boca es mía. Y la revista Semana, siempre tan aguda, tampoco se ha podido pronunciar.

Las Farc han descubierto que basta darle un nombre diferente a ciertos actos que, para muchos, son horribles crímenes, para saltar por encima de la ley. Al carecer de palabras que las designen y describan, las atrocidades cometidas cambian de carácter y desaparecen del pensamiento humano. Y hasta escapan a la percepción de los jueces colombianos y extranjeros.

Pues el lenguaje es un instrumento indispensable para pensar. Sin lenguaje el pensamiento es nulo. Si se decapitan las palabras se elimina la idea.

Genial, realmente genial.

El nuevo lenguaje de las Farc, o más bien sus sintagmas salvadores (y decapitadores), son, por ejemplo: “errores desafortunados”, “situaciones imprevisibles”, “acciones militares”, “conflicto”, “resistencia popular”.

En lugar de acusarlas de haber cometido crímenes de guerra habría que ver que ellas sólo incurrieron en “errores desafortunados”. En lugar de acusarlas de haber cometido crímenes contra la humanidad  habría que ver que ellas únicamente hicieron “resistencia popular”.

La guerra que le decretaron a Colombia hace más de 50 años, desplazó de sus tierras a 5,3 millones de personas y llevó a la muerte a 220.000 personas, según cifras incompletas pero oficiales. Sin embargo, las Farc no son culpables de nada. Nunca trataron de derribar las autoridades elegidas, nunca atacaron a la fuerza pública ni a los civiles. Nunca destruyeron pueblitos indefensos. Nunca fusilaron gobernadores, ni alcaldes ni personeros. Sólo realizaron “acciones militares” para defenderse y salvar sus vidas. Nada de ilegal hay en eso.

Las Farc nunca secuestraron, ni asesinaron civiles que incumplían sus órdenes o que no pagaban los rescates. Esos civiles murieron por los ataques de otros, de los policías, por ejemplo, que querían “exterminar” a los humildes “rebeldes”.

Las Farc nunca secuestraron niños por la fuerza o con engaños para reforzar sus filas. Ni han utilizado esos niños para fabricar y sembrar sus minas antipersona. Lo que hicieron, en realidad, fue muy encomiable: acoger a menores que sus padres habían abandonado y formarlos militarmente para que pudieran sobrevivir en la selva.

Las Farc jamás han envenenado acueductos, ni destruido represas, ni torres eléctricas, ni puentes, ni edificios públicos, ni camiones con alimentos y combustibles, ni minado escuelas rurales, ni rematado soldados y policías heridos, ni enviado obuses contra iglesias llenas de civiles, ni hecho explotar vehículos repletos de dinamita en clubes sociales. No, lo que ocurrió en la capilla de Bojayá y en el Club El Nogal de Bogotá sólo fueron dos “situaciones imprevisibles” que carecían de intención dolosa, aunque muchos civiles hayan muerto y millones de colombianos hayan sido aterrorizados.

Si en esos escenarios hubo miles de muertos y heridos fue por culpa de las mismas víctimas que se habían congregado en lugares que el pueblo no debe frecuentar.

Razón tiene el Fiscal Montealegre al decir que no ha encontrado los crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos por las Farc. Los “errores desafortunados” y las “situaciones imprevisibles” son reales pero no son punibles.

Gracias al descubrimiento lingüístico queda demostrado que las hordas del difunto Tirofijo siempre fueron campeonas de la paz, que erraban por campos y montes y sufrían lo indecible por el pueblo para liberarlo del fascismo.  ¿Quién podría condenar esa larga gesta humanitaria?

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