“El fantasma de las minas antipersona en Colombia ha continuado con su escalada terrorista en medio de los diálogos de La Habana” H.S. Thania Vega

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Seguimos siendo testigos de cómo el grupo narcoterrorista de las FARC continúa incumpliéndole al país. No es cierto que las acciones de esta organización criminal se hayan disminuido por cuenta de los diálogos que por más de tres años se vienen adelantando en La Habana.

Resulta absurdo pretender insultar la inteligencia de millones de colombianos al tratarnos de convencer, a través de ciertos sectores, que existen hechos que nos llevarían a lo que equivocadamente han llamado “consolidación de la paz”. 

La semana pasada nos enteramos a través de algunos medios de comunicación, entre ellos, Noticias RCN, sobre unas gravísimas denuncias según las cuales las FARC siguen sembrando minas antipersona. Al respecto, me permito citar textualmente lo que el medio en referencia publicó en su portal el día jueves 20 de agosto de 2015 a las 2:39 p.m.:

“El Comandante de la Brigada 32 del Ejército en Tumaco, Coronel Héctor Rodríguez, denuncia que las FARC continúan sembrando minas antipersona en zona rural del puerto. Los artefactos son ubicados cerca de caseríos, caminos veredales y escuelas. El Coronel aseguró que son más de 1.500 explosivos que al parecer están ubicados en el Alto Mira”.

En la nota, el Coronel Rodríguez afirma “los civiles no siembran minas, las siembran los miembros de las FARC, que se desenmascaren porque siguen actuando en contra de la población civil y no pasa nada”. De igual manera, se confirmó una dramática estadística en la que se constata que la  Brigada 32 ha destruido, en lo que va corrido del año, un total de 200 minas antipersona  sembradas en la carretera que comunica Tumaco con Ecuador.

Remitiéndome a lo publicado en medios y a las declaraciones allí presentadas, lo que se denuncia es de la mayor gravedad, toda vez que se evidencia una doble agenda de las FARC, la cual se constituye en una circunstancia de doble moral en la que claramente se da a entender cómo mientras en Cuba se discuten unos temas, en Colombia se siguen ejecutando actos de barbarie.

No cabe duda que sobre estos hechos deben recaer todas las acciones legales a las que haya lugar. Unos diálogos de paz no pueden ser una carta abierta para otorgarle inmunidad judicial al terrorismo.

Ahora bien, ya que tanto se habla del llamado proceso de paz en Colombia, quisiera referirme a una invitación que atendí recientemente en la que tuve la oportunidad de escuchar con atención a un grupo de militares en retiro de Guatemala, sobre sus experiencias en el proceso de paz en su país, quienes hicieron importantes reflexiones que quisiera compartir en esta plenaria.

Ellos manifestaron que lamentablemente, transcurridos 18 años de la firma de esa paz, la violencia en Guatemala se ha acrecentado de manera alarmante. La Unidad Revolucionaria Guatemalteca permeó las ramas del poder público en ese país.

Así mismo, aseguran con preocupación que hoy en Guatemala no hay paz y aducen el fracaso a una actitud claudicante que entregó el Estado a unas minorías que nunca quisieron la paz sino el poder. En sus propias palabras manifestaron: Es peor una mala paz que una guerra.

(FIN). 

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