Colombia: Proceso de Paz o Rendición del Estado – por Nestor Laso

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En estos últimos días se han producido en Colombia unos hechos dignos de análisis por la trascendencia que los episodios pudieran tener en el transcurrir futuro del Proceso de Paz que desde hace casi tres años llevan efectuando en La Habana representantes del Gobierno de Juan Manuel Santos y de la guerrilla narcoterrorista de las FARC.

La publicación de encuestas que acreditan que el 75% de los colombianos no aprueban el Proceso de Paz de La Habana, tal como el Gobierno lo está llevando a cabo hasta la fecha -porcentaje que llega al 83% entre los nacionales de aquel país que no compartirían una impunidad para los miembros del grupo guerrillero ni su participación política- ha llevado a Santos en un último intento de salvar las negociaciones a llevar a efecto unas medidas de acercamiento a los narcoterroristas, justo cuando éstos en el último mes y medio habían arreciado la intensidad de sus acciones tanto contra fuerzas militares y policía como contra la población civil y la infraestructura eléctrica y petrolera.

Ante tal difícil situación y a pesar de haberlo negado por activa y por pasiva -las hemerotecas hablan-, el dirigente colombiano finalmente ha cedido ante las pretensiones “farcianas” de fijar un “peligrosísimo” cese bilateral de las hostilidades.

Primero, a fin de ir preparando el camino a la sociedad colombiana de lo que iba a venir,e l jefe de los negociadores gubernamentales,el ex vicepresidente Humberto de la Calle, concedió una entrevista auspiciada por la Casa de Nariño a un conocido periodista, la cual se distribuyó entre todos los medios de comunicación nacionales, en la que el representante presidencial -con suma ambigüedad- ya adelantaba aspectos que invitaban a atisbar la proximidad de prontas decisiones en La Habana. El cese bilateral era cuestión de pocos días cuando no de horas. Así fue. Desde La Habana, las Farc declaran una tregua unilateral por un mes a partir del próximo 20 de julio, en base a las sugerencias de los países garantes del proceso, que recordamos son Cuba, Venezuela, Chile y Noruega. Una tregua unilateral, sin garantía alguna, pues los miembros de la guerrilla pueden “campar a sus anchas” por Colombia con las armas en la mano, prosiguiendo con sus actividades ilegales y sin control alguno. Cuando lo justo hubiera sido que permanezcan concentrados todos sus integrantes en un solo lugar con una verificación real y efectiva y no de forma administrativa y de lejos por la ONU y Unasur.

A las pocas horas, Santos también acuerda un desescalamiento del conflicto, forma fina de llamar a un cese militar de hostilidades, pero ya ampliado a cuatro meses. Todo ello mientras que durante este mismo fin de semana, las Farc infringieron no menos de cuatro atentados causando muertos, heridos y destrucción.

Juan Manuel Santos, a fin de salvar su único proyecto político conocido, que es el logro de una paz a cualquier precio, no dudó en demostrar públicamente su entreguismo al decir ante una reunión de empresarios que o “se llega a la paz con las Farc ahora, o en no menos de 20 años sería imposible derrotarla”.

Las hemerotecas le vuelven a dejar sin argumentos a Santos, pues en varias ocasiones dijo en su época en que instrumentalizó al uribismo para lograr ser aúpado a la Presidencia de la República que las Farc estaban a punto de ser derrotadas. Como así era, pues durante los gobiernos de Uribe las Farc descendieron de 35.000 efectivos a los 8.000 actuales, con la circunstancia de que en los últimos cuatro años los narcoterroristas se han reorganizado y rearmado como el propio presidente Santos ahora reconoce al expresar tristemente que se ve impotente de derrotarlas,minusvalorando a las fuerzas militares y policiales, con el consiguiente descenso en la autoestima y moral de las tropas.

Con estas palabras entendemos que el mandatario reconoce que por lograr una paz que no sabemos si alguna vez será real, está dispuesto a 1) Renegar de sus compromisos en materia de cese bilateral, episodio que según él siempre se llevaría a cabo tras llegar a un acuerdo de paz, ahora lo adelanta por exigencias de los negociadores de los narcoterroristas; 2) A tratar de soslayar lo dispuesto en materia de justicia transicional tanto por la legislación interna como internacional sobre cumplimiento de penas, concediendo espacios de total impunidad a los delincuentes. 3) Pasar por alto la exigencia de reparación a las víctimas a pesar de que las FarcC son el tercer grupo terrorista con mayores ingresos del planeta tras el EI y Al Qaeda, y lo que es peor, contemplar a las propias FARC como víctimas del llamado conflicto y 4/ conceder a los narcoterroristas la posibilidad incluso de representación política en el Congreso nacional sin necesidad de pasar por las urnas, otorgándoles escaños en base a un hipotético derecho subrogado de un partido de corte comunista, leninista y maoísta, denominado Unión Patriotica, y cuya portavocía reclamarían los terroristas.

El cese bilateral supone en la práctica la imposibilidad de ataque por parte de las fuerzas militares a miembros de las Farc, mirando para otro lado si ven movimientos sospechosos de transporte de cargamentos de droga, reclutamiento o entrenamiento militar de niños, chantaje, secuestros,violencia electoral, etc.Y no está muy claro si el Gobierno rompería los diálogos en caso de atentados, pues con los precedentes habidos, el Gobierno de Santos, aún matando las FARC a civiles o militares, trató de imputar los hechos a otros grupos (ELN, Bacrims, etc.) a pesar de las evidencias, para no verse abocado a suspender los diálogos y levantarse de la mesa, esta vez posiblemente de forma definitiva.

No olvidemos que en esos cuatro meses del llamado desescalamiento, o mejor dicho, cese bilateral, Colombia celebra elecciones regionales y municipales y curiosamente el cese coincide con dicho periodo electoral. Ya en las pasadas elecciones al Congreso y en las presidenciales, los narcoterroristas amedrentaron a candidatos opositores, principalmente del uribismo. Y ello, impidiendo por la fuerza que muchos ciudadanos principalmente en amplias zonas rurales controladas por los ilegales, votaran a las opciones electorales del Centro Democrático. Según muchos analistas políticos, esta actitud de las Farc provocó que los narcoterroristas se constituyeran en máximos aliados electorales del santismo.

Ahora se puede repetir la situación, pero con mayores consecuencias, pues las propias Farc se estarían integrando en opciones políticas con el ánimo de tomarse el poder municipal y departamental para impedir una vez más el acceso de forma mayoritaria del uribismo al poder local. Mientras, en la actualidad sus ataques de todo tipo a la población civil no han cesado.

Todo ello con el conocimiento y con la presunta aquiescencia del presidente Santos y los negociadores de La Habana en una política de concesiones que raya lo intolerable, suponiendo en la práctica el entreguismo y rendición de un Estado que cada día se va a parecer más al venezolano y sólo por salvar el ego presidencial de lograr para sí, que no para Colombia y los colombianos, una paz que sólo Santos ve y que los ciudadanos, tal como está orquestada y diseñada, no desean.

Por Nestor Laso –

Coordinador de Centro Democrático en la Unión Europea

Publicado en La Razón de España

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