Colombia, país sin paz y sin valores

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Por: Thania Vega de Plazas

“En Carepa hicieron camisetas para despedir a alias Inglaterra” Titulaban los medios de comunicación a propósito de la muerte de Luis Orlando Padierna, jefe de la banda delincuencial “Clan del Golfo”. Este sujeto fue perseguido por las autoridades durante varios meses, hasta que por fin fue dado de baja en Chinácota, municipio cercano a Venezuela.

Pero lo que es realmente tan aterrador como el prontuario de alias “Inglaterra” es la actitud de los habitantes de Carepa en Antioquia, que recibieron el féretro de este bandido en medio de pitos y manifestaciones multitudinarias, como si se tratara de la bienvenida al deportista del momento, o a la selección Colombia que visita ese municipio después de ganar el Mundial Rusia 2018.

Vídeos con el vergonzoso momento en que se recibía los restos mortales circularon por todas partes, todo en el pequeño municipio era fiesta por la despedida de un “héroe” al que lloraban y rendían homenaje con “corridos prohibidos” licor y pólvora.

Alias Inglaterra despedido con honores en esta zona del Urabá antioqueño, donde cometió todo tipo de crímenes contra la sociedad civil, que lo padeció como narcotraficante, extorsionista, secuestrador y asesino.

¿Qué pasa por la mente de nuestros compatriotas que ahora resuelven despedir como al más importante colombiano a un sujeto que asesinó policías y llenó de droga al país?

Es evidente que muchos en Colombia están confundidos por el reflejo de lo que pasa desde el alto gobierno, que envía el peor de los mensajes a las nuevas generaciones; “pueden delinquir porque siempre el Estado los perdonará y les dará una curul para que hagan política.”

Esta hora negra de la patria indica que ser pillo paga, y que los principios y valores de familia están revaluados por nuevas conductas contra la ley.

Hemos escuchado expresiones en la calle de quienes dicen que hubieran preferido ser guerrilleros de las FARC que vendedores de dulces y chicles, pues mientras ellos no se han robado nada, asesinado a nadie, ni capturados por traficar con coca, siguen allí en el mismo puesto tratando de vender un dulce en la Plaza de Bolívar de Bogotá; mientras a los guerrilleros de las FARC condenados muchos de ellos a más de doscientos años de prisión, les dieron sueldo, escolta, camioneta, curul en el Congreso e impunidad por todos sus delitos.

Un país donde se invirtieron los valores, es un país que no puede hablar de paz como se hace desde el gobierno nacional. Estas nuevas generaciones están recibiendo de manera clara, que más vale ser un delincuente que un ciudadano de bien.

Qué tristeza causa ver que nuestros hombres de las Fuerzas Armadas, muchos de ellos asesinados, son olvidados por su pueblo al que defendieron con su vida; para ellos no hay marchas ni recibimiento con honores como el que ahora se les hace a bandidos de las condiciones de alias Inglaterra.

…FIN…

 

 

 

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