Carta del Cr. Mejía: “Un soldado pide perdón, por la paz de la Patria”

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Bogotá, diciembre de 2014

Pedir perdón por estos días en Colombia se ha convertido en el cumplimiento de una sanción jurídica más que una muestra sensibilidad social y moral.

Por eso, al terminar treinta y cinco años de servicio como Soldado de Colombia, simplemente quiero valorar el sentido del arrepentimiento que debemos tener quienes lo entregamos todo por esta patria, a cambio de cadenas e infamia impuestos por el Estado que defendimos. 

Entiendo como soldado, aunque me provoca un profundo rechazo, que hoy en el país político existe mucha gente tolerante con la corrupción, con los abusos, con el poder comprado y con el terrorismo. Que siempre y cuando sea para lograr objetivos personales de sostenerse en el poder, todo se permite, se tapa o, incluso se aplaude a través de los medios que ya no son independientes.

Pero también entiendo que entonces, tenemos que pedir perdón porque ahora ocupamos el lado equivocado de la historia. Los ideales altruistas de Lealtad Valor Sacrificio fueron nuestra razón de ser, pero en este amanecer oscuro de la nación, son políticamente incorrectos.

En ese orden de ideas:

Perdón Colombianos, porque a lo largo de los últimos siete lustros hemos contado treinta y dos mil militares muertos con cuya sangre quedaron regados los campos de la patria. Murieron enfrentando al terrorismo y de ellos nadie se acuerda.

Disculpas sinceras pido a la sociedad de mi país porque en esos mismos treinta y cinco años quedaron trece mil seiscientas viudas que están sufriendo lo indecible para sacar adelante sus proles.

Perdón Colombia por que nuestros hombres muertos en la guerra por salvarlos a ustedes, partieron dejando cincuenta y cuatro mil criaturas huérfanas que jamás entenderán porque tener un padre soldado fue la tragedia desde su nacimiento.

Colombianos por favor perdonen al glorioso Ejército Nacional, por tener en estos momentos diecisiete mil de sus integrantes mutilados, sin piernas, sin brazos, sin ojos, sin la mitad de sus cuerpos, por haber asistido a las batallas en defensa de la sociedad.

Perdón a Colombia por los tres mil hombres que vencieron en combate a los terroristas y hoy están tras los fríos barrotes de las celdas, juzgados por anormales tribunales de la infamia, para ser mostrados como equivalentes con los bandidos y así obligar a la sociedad a aceptar las imposiciones de los terroristas en un proceso de paz.

Perdón y mil veces perdón Colombia porque los Soldados nunca tuvimos navidades, ni cumpleaños, ni pudimos asistir al nacimiento de nuestros hijos, ni acompañar el entierro de nuestros padres; era más grande el compromiso con los compatriotas.

Con el corazón en la mano pedimos perdón a Colombia por haber marchado a las selvas, a los valles, a las montañas a enfrentar al terrorismo subversivo.

Perdón por nuestra actitud digna y patriota de asumir una guerra sin eludir el primer puesto en el combate, perdón porque nos tocó ver solos que estábamos en los reveses en el silencio de nuestros muertos y lo repleto que aparecía el tren en las victorias. 

Perdón queridos compatriotas, porque siempre a pesar de lo cruento del combate tratamos de tener más dignidad y sentido del deber que miedo. 

Perdón queridos conciudadanos porque los Soldados de Colombia no pueden hablar porque no son deliberantes, no pueden ejercer el voto porque sería antidemocrático, no tienen derechos a la libre asociación, ni a una defensa, ni a un debido proceso, ni siquiera tienen derecho a que se les aplique la Constitución por la que ellos ofrendaron su vida.

Por ignorar que el Estado que defendimos con nuestras vidas, había decidido negociar el futuro de la patria, bajo las condiciones de un enemigo que ya estaba en la recta final de la derrota militar, perdónennos.

Yo creo que los Soldados de Colombia ya han pagado un altísimo tributo en vidas, en dolor, en cadenas y en tristeza. La sociedad ahora tiene que hacer lo suyo: pedir la recuperación de un Ejército grande con soldados de verdad, o exigir que se acabe para siempre, porque lo que hay es inferior a las amenazas y entonces sobra.

Perdón por todo lo anterior Colombia, de haber sabido que vivir bajo el glorioso lema de Patria – Honor – Lealtad sería hoy una afrenta contra la sociedad, nunca hubiéramos sido soldados.

¡Dios salve a Colombia!

Coronel Hernán Mejía Gutiérrez

Huérfano, herido y prisionero por ser Soldado de Colombia

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