Respuesta a Vargas Llosa: sobre ‘gentes civilizadas’ y las incoherencias del “SÍ”

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Por Lia Fowler*

En su columna “El Precio de la Paz,” publicada en el diario El País de España, el pasado 17 de septiembre, Mario Vargas Llosa escribe efusivamente sobre aquellos buenos artículos que “ayudan a ver claro donde todo parecía borroso.” Desafortunadamente, la columna del Nobel no es uno de ellos. (1)

Frente al tema del plebiscito del 2 de octubre, donde los colombianos decidirán si apoyarán o no los acuerdos de La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el grupo narco-terrorista FARC, el apoyo de Vargas Llosa al Sí ofrece argumentos inexactos e incoherentes – todos maquillados con aquel tono ofensivo de quienes pretenden parecer más “evolucionados” que los demás.

Opina el Nobel que hay que aceptar los acuerdos de La Habana para que “los colombianos puedan por fin vivir como gentes civilizadas, sin seguirse entrematando.” Califica, además, de “guerra civil” a la violencia a la que las FARC y otras guerrillas han sometido a Colombia. Según el Nobel, todos – la población civil, la fuerza pública y los terroristas — no hemos sido más que una manada de bárbaros que nos hemos ‘entrematado’. Pareciera que, para Vargas Llosa, la defensa del pueblo y del Estado ha sido una barbarie indistinguible de las atrocidades cometidas por los terroristas.

Resulta que no es así. Matar, secuestrar, violar, mutilar, desplazar, extorsionar y destruir las vidas de miles de colombianos – civiles y militares – ha sido la actividad exclusiva de las FARC y las demás guerrillas. Y ha sido el pueblo civilizado que, a pesar de este flagelo, y bajo la protección de la fuerza pública, ha logrado un desarrollo económico y cultural ejemplar en la región durante las últimas décadas.

Respecto a la caracterización del narco-terrorismo en Colombia como una “guerra civil,” vale la pena anotar, que hay más pandilleros de los Latin Kings en la ciudad de Chicago – delincuentes dedicados a la extorsión, el narcotráfico y la violencia – que terroristas de las FARC en Colombia, dedicados a las mismas actividades. Los pandilleros en Estados Unidos no representan a nadie ni a nada, más que a su propia red criminal, como tampoco las FARC representan a ningún segmento significativo del pueblo colombiano, salvo a aquellos que se lucran de sus actividades ilícitas. Y así como nadie diría que en Estados Unidos hay una guerra civil, tampoco la hay en Colombia.

Vargas Llosa dice, además – en el mejor tono de los “nuveau-evolucionados” — que para alcanzar el objetivo de ser “gentes civilizadas”, debemos desechar conceptos, aparentemente anticuados, como “la justicia retrospectiva.” ¿Acaso existe algún modelo de justicia legítimo en el mundo que no sea retrospectiva? Es decir, ¿que no se aplique a delitos que ya han ocurrido? El menosprecio a lo que Vargas Llosa llama “justicia retrospectiva” es un engaño más de quienes buscan algo mucho más sencillo: la ausencia de justicia, la impunidad. Olvida Vargas Llosa que las civilizaciones más avanzadas se han basado siempre en la seguridad y prosperidad que ofrece la aplicación igualitaria de la ley y la justicia.

Siguiendo con estas incoherencias, presenta Vargas Llosa como ejemplo de paz a El Salvador, país que, desde cualquier punto de vista, ha sufrido un declive terrible desde que le llegó la tal “paz” y especialmente desde que un ex-guerrillero gobierna el país. Económicamente, pasó de ser la novena economía más libre del mundo en 2000 a ocupar el puesto 63 este año. Y en cuanto a la violencia, es el país con la tasa más alta de homicidios del planeta. Como dicen los mismos salvadoreños: “Es peor que en la guerra.”

Finalmente expone el Nobel que “el aire del tiempo ya no está para aventuras guerrilleras.” En eso tiene razón. Está para dictaduras guerrilleras. No es cierto que Latinoamérica se está encaminando hacia las democracias. ¿O que son Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba? Cada día más autocráticas. Cierto que en Argentina y en Brasil recientemente se libraron de sus gobernantes corruptos, pero hay mucho camino aun por recorrer. Pero para Vargas Llosa, quien siempre ha coqueteado con la izquierda intelectual, las únicas dictaduras que ve son las de la derecha, que, por cierto, ya no hay.

Confunde que alguien que ha visto tanto a los 80 años piense que el acuerdo con las FARC llevara a la civilización. Sorprende que no vea que llevará a un nivel de corrupción y anarquía jamás visto, con unos delincuentes disfrazados de políticos adueñados del país y sus instituciones a punta de plata y plomo.

¿Y quién soy yo para rebatir al ilustre Nobel de literatura? Nadie especial — solo una persona pensante y civilizada, como los miles de personas que votarán por el No.

*Lia Fowler es periodista Americana, nacida en Colombia, y ex-agente del FBI.

@lia_fowler

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