Mis errores son las excusas del Gobierno que esgrime la paz para anular la democracia

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Por: Álvaro Uribe Vélez

Tienen la tendencia a justificar sus errores con el cuento “es que Uribe también lo hizo”.

Y lo han dicho en muchos casos y varias personas. Y lo escribe un contratista del Gobierno, muchos de cuyos artículos son dictados desde la Presidencia de la República. Acusa que mi discurso sobre el balance entre Paz y Justicia, pronunciado en la ONU en 2003, es contrario a lo que hoy digo, nada más inexacto. Lo que hemos pedido de amnistía para los guerrilleros de base y sentencias reducidas para cabecillas responsables de delitos de lesa humanidad, es coherente con aquel discurso. Incluso, tampoco es contradictorio, que en aras de facilitar acuerdos de paz, hayamos sugerido colonias agrícolas pero con condiciones de reclusión penitenciaria, que el Gobierno ni consideró. O que en contra de lo que consideramos más conveniente hayamos sugerido que la elegibilidad se condicione al previo cumplimiento de la pena.

Y pasando al Gobierno nunca pudimos que entendiera que nuestro llamado al Pacto Nacional sobre la Paz, llevaba la oferta de la búsqueda compartida de opciones.

La respuesta del Presidente, manida y apurada, es que yo ayudé en lo del M19 y en estos tiempos me opongo al acuerdo con Farc. Veremos.

Mi participación ocurrió en el Congreso post Constitución de 1991, en efecto pedí, en público como suelo hacerlo, en la plenaria del Senado, que cumplieran lo acordado con el M19, esto a raíz de una noticia de reapertura de causa judicial contra sus integrantes. Antes se había hecho la paz con esta organización, sus miembros habían entregado las armas, pedido perdón, habían recibido el beneficio del indulto, habían estado en el gabinete ministerial, participaron con la tercera parte de la Constituyente de 1991 y se encontraban en ese Congreso de 1992. Consideré grave ese cambio judicial no obstante que nada tuve que ver con los acuerdos. No existía el limitante de la Corte Penal.

Confieso que no se si me equivoqué o acerté, pero lo hice abiertamente, de cara al país, de buena fe.

Desmovilizados de varios grupos trabajaron conmigo en la Gobernación de Antioquia y en la Presidencia de la República. Reclaman mis críticos la elección en nuestras filas de Everth Bustamante, también fue colaborador de mi Gobierno, nunca responsable de delitos atroces.

Lo cierto es que la impunidad total, que es contraria al balance entre Paz y Justicia, ha sido creadora de más violencia en Colombia, y en el futuro tiene serios riesgos jurídicos.

Confieso también que pensando en el futuro del país he sido incapaz de aceptar impunidad total para la atrocidades de Farc.

Recuerdo que en 1991 se nos dijo que con esos procesos de paz se cerraba el ciclo de política armada en Colombia, que en adelante los grupos que lo intentaran serían tratados como terroristas. Los mismos actores oficiales, que dijeron aquello, en la actualidad califican al terrorismo de Farc como política con armas. Expresan que en 2016 es cuando se cierra el ciclo. Así las cosas ¡qué podemos esperar que les escuchemos en el futuro sobre disidentes de Farc, Eln, bandas criminales y otros!

He repetido que las discusiones sobre ventajas electorales a delincuentes, que de manera pública permití en mi Gobierno, fueron simplemente eso, discusiones, que jamás cambié las restricciones de elegibilidad. Y he agregado que de no aceptar lo que tantas veces he explicado, tomen aquellas declaraciones como errores míos y no los repitan.

Cada vez que este Gobierno me asigna un error, mi esperanza de que lo corrijan se torna en la tristeza de que lo usan para justificar su repetición.

Claro que se les olvidó repetir la seguridad democrática, la lucha contra el narcoterrorismo, la confianza inversionista, la cohesión social, la austeridad, el diálogo afectuoso con la base popular de la Nación.

Escribo estas líneas con la angustia democrática de temer al Fast Track, sin el plebiscito que el Gobierno perdió y después eludió, todo en beneficio del terrorismo, con anulación de debates y de procedimientos democráticos, como en nombre de la paz lo han hecho las dictaduras.

Las escuelas democráticas de derecho enseñan que las normas jurídicas son para someter al poder, no para que el poder someta a las libertades, nunca para ayudar a los abusos del poder.

He escuchado a muchos colombianos declarar que están fatigados, que quieren aceptar todo a regañadientes. Pero los dirigentes políticos no pueden renunciar a las nuevas y duras tareas, es un compromiso con la ciudadanía. Cuidado: la fatiga de los dirigentes es la rendición de los principos.

Álvaro Uribe Vélez
Rionegro, Antioquia, 11 de diciembre de 2016.

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