Bogotá, 19 de enero de 2016. El Coronel Plazas Vega fue absuelto el pasado 16 de diciembre, luego de 8 años y cinco meses en los que la Corte Suprema de Justicia no se decidía a darle libertad aun sabiendo que era inocente.

 

Los últimos acontecimientos y la magnanimidad del gobierno con las guerrillas terroristas del ELN y las Farc, han hecho que los colombianos veamos cómo nos burlan cada día a quienes nunca hemos empuñado las armas de la subversión.

Es entonces cuando vemos el mal empleo del lenguaje, llamando “paz” a la entrega del país y de la justicia, a quienes durante décadas han cometido todo tipo de atrocidades contra los ciudadanos.

Sin embargo, este triste panorama no es algo nuevo. Si retrocedemos en la historia nos encontraremos con la guerrilla del M-19, que no por estar conformada por estudiantes universitarios dejaba de ser un grupo de delincuentes que incluso tuvieron nexos con el narcotráfico.

Es así como nos remontamos a los hechos del Palacio de Justicia, donde no hubo una toma y retoma, sino una toma y una recuperación. Los guerrilleros entraron al recinto y empezaron a incendiarlo y asesinar a diestra y siniestra, porque aquellos “idealistas universitarios” bien sabían cómo manejar un fusil para infundir terror a la sociedad colombiana.

Asesinaron a Fanny González, la primera mujer magistrada de la Corte Suprema de Justicia, asesinaron de manera inclemente a civiles, militares, ricos y pobres. Prendieron la llama de un fuego que después de 30 años sigue ardiendo, con la ausencia de justicia que ha padecido este país.

Como es una triste costumbre en Colombia, los guerrilleros fueron indultados y con el indulto vinieron toda clase de regalos, como un festín de condecoraciones al terrorismo. Los premiaron con participación política, los premiaron dándoles voz y pluma para escribir la historia del holocausto del Palacio y lo que es peor aún, les permitieron convertirse en víctimas para culpar al Estado y los militares a su antojo, para volverlos victimarios.

Los reinsertados del M-19 empezaron a fundar sus propias corporaciones, colectivos y fundaciones de Derechos Humanos, porque la combinación de todas las formas de lucha es precisamente esa: crear una estrategia para generar en las víctimas un cierto síndrome de Estocolmo, para pasar de ser unos asesinos indultados, a los héroes de los desvalidos.

Empezaron a crear sus carruseles de falsas víctimas, sus artimañas para cobrar indemnizaciones millonarias y tener un culpable en la cárcel que les permitiera posar de libertadores, cuando nunca debieron haberse tomado el Palacio de Justicia.

Metieron al Coronel Plazas Vega a la cárcel y mancharon su nombre con todo tipo de calumnias, comprando a todo el que tuviera un precio para no hacer justicia, a todo el que tuviera una cuenta pendiente con la rectitud del Coronel en sus años de servicio.

Le hicieron creer a los colombianos que el ejército era un monstruo asesino que irrumpió en el Palacio a matar inocentes, como si la actitud de los militares ante el acto terrorista del M-19 tuviera que haber sido quedarse en un cantón, viendo de lejos cómo se quemaban los expedientes, asesinaban a los funcionarios y visitantes, y se perdía la soberanía. Como si el mismo ejército no hubiera sido quien rescató de la muerte a tantos colombianos que lograron salir con vida.

Pues bien, cuando se iba acercando la fecha de absolución del Coronel Plazas, el Fiscal anunció con regocijo que le abriría una nueva investigación, principalmente porque la justicia se sigue quemando en aquel 6 de noviembre de 1985, como si el tiempo no hubiera pasado y de nada hubiera servido privar de la libertad a un militar inocente.

Se sigue quemando la justicia y a través del “sistema radial y televisivo acusatorio”, Montealegre volvió a alardear de la persecución política a todo aquel que no tiene un precio a la chequera del gobierno y las exigencias de los terroristas en La Habana.

Sin embargo y para fortuna del país, hay una ola de colombianos que sintieron alegría y libertad el pasado 16 de diciembre. Son los mismos que no han dejado ni dejarán que la guerrilla les escriba la historia. Los mismos que saben y opinan en todas partes, que es un disparate llamar “paz” a la injusticia de ver militares tras las rejas, mientras los terroristas reciben beneficios de un acuerdo de impunidad.

Colombia tiene fe en la causa y no dejaremos que haya mordaza.

ÁLVARO HERNÁN PRADA
Representante a la Cámara
Departamento del Huila

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